domingo, 17 de mayo de 2015

Sin cambios

Por estos días mucho se discute entre militantes, adherentes y simpatizantes sueltos del FpV y espacios conexos acerca de qué se debe votar en las PASO y luego en las presidenciales. Hay algunos que insisten en que se debe hacer así para que gane fulano, otros piensan que mejor asá para que no gane mengano, pero al fin y al cabo no hay una corriente abundante y mayoritaria de opiniones que apunte una tendencia clara. Luego del "baño de humildad" sugerido por la jefa, en el FpV quedaron activos solo dos candidatos Randazo y Scioli en las PASO. Al ganador en el FpV, se sumarán un par de candidato opositores en las presidenciales y listo. Nada mas.

Los numeros que van publicando las encuestadoras dejan en claro la muy alta posibilidad - ¿certeza? - de que el candidato del FpV sea quien sea, gane y que lo haga con una diferencia tal que anule la posibilidad de una segunda vuelta con el que salga segundo. La inédita sólida imagen de CFK al final de sus dos períodos presidenciales sumada a la actual estabilidad de las variables de la economía lo harían posible.

Para imaginar el futuro cercano post eleccionario deberíamos ir dejando de considerar la mas mínima posibilidad de victoria de alguno de los candidatos de las diferentes corrientes en que está dividida la reacción conservadora. A Macri, el mejor rankeado de todos, le falta un hervor según se escucha por allí y por mas que se junte con un entusiasta Sanz para tratar de cosechar el voto radical de  cuño balbinista y gorila, no se le ven posibilidades sustanciales de éxito a nivel nacional. Massa se infló y se desinfló mas rápidamente que un globo de cumpleaños, y después ... ¿que mas tenemos? Una Stolbitzer testimonial favorecida por el voto radical - socialista tan gorila como el otro pero menos derechoso y mas alfonsinista ponele.
Habría que mencionar las opciones que ofrecen los revolucionarios troskistas. Eso, mencionar, listo.
En resumen, como dice el articulista, "Las alternativas opositoras, ..., oscilan entre el neoliberlismo duro y otro con matices"

Volviendo al oficialismo, es interesante, a los efectos del análisis, la lectura del artículo Tercera posición de Claudio Scaletta - siempre recomendable - en el suple Cash de P12  donde afirma que lo que organiza las opciones a la hora de imaginar el futuro modelo económico es el muy probable triunfo oficialista y reduce las opciones a solo dos, la que representa Randazzo, candidato del nucleo duro K y que es poco mas que desconocida. Se conoce su actual gestión como ministro y asegura la continuidad del actual modelo pero poco mas se sabe sobre lo que hará si logra convertirse en presidente - tal vez un Kici vice y su equipo comandando como ahora desde los puestos clave, la gestión económica. En todo caso, de ganar Randazzo las presidenciales, no se esperarían cambios de importancia respecto del rumbo de la economía.

Por el otro lado nos encontramos con el paciente y persistente actual gobernador de la Provincia de Buenos Aires, un Scioli que espera que el acceso a la presidencia se transforme de un largamente ansiado objetivo en una sólida realidad para la que se preparó durante ... ¿ 18 años ? - comenzó en 1997 como diputado. A diferencia de Randazzo, de Scioli de quien " ... no solo se conocen sus procesos de toma de decisiones ejecutivas..." asegura Scaletta, "... sino  sus gustos económicos y sus economistas... " con personajes que están en las antípodas de la actual conducción se sabe que "... es demás el oficialista preferido del establishment local e internacional"

Aunque ateniéndose a lo anterior, desde dentro y fuera del FpV se afirma que Scioli es lo mismo que Macri y Massa en materia de modelo económico - para simplificar, los tres representarían el ajuste neoliberal ortodoxo - Scaletta se areve a plantear una diferencia no menor en favor del primero asegurando que no sería esa la dirección que tomaría un eventual gobierno del FpV encabezado por Scioli. Basado en opiniones publicas de Bein, el asesor menos ortodoxo de Scioli, En palabras de Bein que reproduce Scaletta debe persistirse en
" ... organizar un proceso de crecimiento sostenido a partir de los altos niveles de los cuales se parte, sin apelar al aumento desmedido de la deuda como mecanismo de financiamiento de largo plazo, sino como mecanismo de corto plazo para financiar la inversión en infraestructura y en sectores generadores de divisas, que son los que en definitiva van a permitir abastecer de dólares al entramado energético, industrial y de servicios."
El camino de Scioli, reflexiona Scaletta, no sería el del ajuste brusco sino la posibilidad de
"...ir buscando un equilibrio entre competitividad, política fiscal activa y tasa de interés que permita financiar este proceso en forma sostenida vía un aumento de la inversión financiada a mediano plazo con ahorro doméstico".
el rumbo de la economía, entonces, poco habría de diferir con el del actual oficialismo mientras el FpV se mantenga gobernando.

lunes, 11 de mayo de 2015

Hacer lo que no se hizo plenamente en el pasado

Viento de Frente
por Claudio Scaletta 
Suple CASH - Página 12 
10 - mayo - 2015

Un lugar común para desdeñar el fuerte proceso de crecimiento de la economía durante la década pasada fue el del “viento de cola”, es decir; del rol de los buenos precios para las principales commodities de exportación originados tanto en la demanda asiática como en la debilidad del dólar y las bajas tasas de interés internacionales. La idea de razones exclusivamente externas se ensayó luego de que quedaran cortos términos como “rebote” o “veranito”. En aquellos años las economistas neoliberales también auguraban las 10 plagas egipcias al final de esos procesos de corto plazo si no se aplicaban “ajustes preventivos”. Los malos augurios volvieron a fracasar.

Efectivamente, el viento de cola existió y fue una realidad persistente que influyó en todas las economías de la región. En aquellos años, sin embargo, desde el gobierno se destacaba la existencia de factores internos que permitieron aprovechar mejor que otras economías las condiciones externas favorables, lo que se plasmó en tasas de crecimiento del PIB local superiores por varios puntos al promedio regional. Estos factores fueron el distintivo del actual modelo y consistieron básicamente en las políticas de sostenimiento de la demanda. Lo que se observó, entonces, fue un proceso pro cíclico en el que los factores internos se retroalimentaron con un contexto externo positivo. El resultado macroeconómico no fue sólo crecimiento, sino también recomposición de reservas y achicamiento del endeudamiento público.

Hoy el panorama cambió radicalmente respecto de la década pasada. En el frente externo ya no hay viento de cola, sino de frente, y en el interno reaparecieron limitaciones para las políticas de sostenimiento de la demanda. Empezando por lo externo, ya no existe un dólar débil y altos precios de las commodities sino al revés, lo que a priori define el escenario de perdedores globales. Los más evidentes son los países exportadores netos de materias primas o de productos de base primaria, como la Argentina. Sobre esta realidad se monta la caída casi a la mitad de los precios del petróleo, lo que refuerza las tendencias. Luego, lo que ocurre en el plano comercial tiene su correlato financiero. En la región un dólar fuerte no se traduce sólo en menores ingresos por exportaciones, sino también en salida de capitales. Menos dólares en circulación refuerzan los problemas estructurales de restricción externa al interior de cada país, lo que retroalimenta las presiones inflacionarias y devaluatorias. Lejos de “mejorar la competitividad”, como sostienen los economistas tradicionales, lo que ocurre en realidad es que caen los salarios y el ingreso y las economías se frenan.

Luego vienen los correlatos. Además del mercado interno, las ventas de la industria local tienen a Brasil entre sus destinos principales. Las políticas ortodoxas que profundizó el gobierno del PT tras la reelección de Dilma Rousseff reforzaron la caída de su industria y de su economía, lo que inmediatamente impactó en la producción industrial de Argentina dada la alta vinculación entre los aparatos industriales de ambos países en la rama automotriz y en la demanda final de vehículos. A su vez, si se frena la economía brasileña también cae la demanda sobre muchos complejos exportadores alimenticios de Argentina, la mayoría de ellos regionales.

El ombliguismo de algunos economistas tiende a explicar el actual freno del crecimiento por problemas estrictamente locales cambiarios o fiscales, un disparate cuando se miran los números de la región en su conjunto, cuyas economías se expandieron a una tasa promedio del 4,6 por ciento anual entre 2004 y 2013, pero apenas el 1,6 por ciento en 2014.

Pero la nueva realidad sugiere matices. Así como en la etapa de auge se rechazó la idea de viento de cola como explicación fundamental del crecimiento, la honestidad intelectual reclama tratar de la misma manera al viento de frente. Si la buena praxis impulsó el crecimiento por encima del promedio regional, lo mismo podría ocurrir durante la actual baja del ciclo. Las condiciones internas podrían ser anticíclicas y contrarrestar parcialmente el freno del PIB que imponen las externas.


Llegado este punto el análisis deja de ser lineal. 

La administración incurrió en buena praxis cuando impulsó la demanda durante los primeros años, pero en mala cuando no abordó con mayor consistencia los problemas del desarrollo, es decir; las causas estructurales de la escasez de divisas que, en el presente, impide profundizar las políticas de demanda más allá de un cierto nivel. El Gobierno sabe que puede impulsar la demanda con moneda local todo lo que desee, pero que esta expansión encuentra su límite no en el déficit fiscal, sino en la disponibilidad de divisas para importar los bienes intermedios que el aparato productivo demanda para continuar su expansión.  

El camino seguido hasta ahora fue recurrir a las reservas y al endeudamiento, a futuro será necesario hacer lo que no se hizo plenamente en el pasado, avanzar con la agenda del desarrollo, es decir; atacar las causas estructurales de la restricción externa.  

En el centro de esta agenda, que deberá resolver el próximo gobierno, no están ni la inflación, ni el déficit fiscal, ni la urgencia por salir de la administración cambiaria, factores que no son más que efectos coyunturales del problema principal.


Más allá del futuro de la política interna, queda como factor de incertidumbre hasta cuándo se mantendrá el viento de frente. Para empezar por algún lado cabe preguntarse qué tan fuerte puede mantenerse el dólar, algo que depende linealmente de la evolución de la economía estadounidense, de su nivel de empleo, y su consecuente manejo del nivel de la tasa de interés. Los datos conocidos este viernes mostraron una recuperación del empleo durante el último abril, lo que permite suponer un aumento de tasas si la tendencia se mantiene. Se supone que con tasas más altas se prolongará el ciclo de bajos precios de las commodities, aunque no debe olvidarse que también existe la demanda de las restantes economías del planeta. Cualquiera sea el caso, para Argentina el viento de frente acompañará, como mínimo, lo que resta de la actual administración.
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