martes, 3 de noviembre de 2015

Seguro, Sancho, sucedió por modo de encantamiento

Como cada domingo Scaletta nos ayuda a pensar nuestra realidad desde el suple Cash en P12

Encantamiento

 Por Claudio Scaletta
Es necesario rechazar los lugares comunes. Si se acepta el sistema democrático debe dejarse a un lado el jaurecheanismo extendido de que las clases medias votan mal cuando están bien. En estos casos, antes que filosofar sobre las cualidades y calidades del voto, resulta más útil, a los fines prácticos, intentar decodificar los mensajes de las urnas. Daniel Scioli ganó las elecciones por varios puntos, pero el resultado comparado y la necesidad de segunda vuelta marcaron un innegable retroceso.
Las causas de esta pérdida fueron primero económicas. El 54 por ciento de 2011 fue el resultado del crecimiento prácticamente ininterrumpido iniciado en 2003. El único resultado electoral adverso del período, por si faltasen elementos, fue el de 2009, no por la crisis del campo, sino por el freno transitorio provocado por la crisis internacional de 2008. El 37 por ciento del 25 de octubre, y sobre todo los apenas 3 puntos de diferencia con el segundo, pueden explicarse por el freno de la economía a partir de 2012, con el 2014 a la cabeza. Los 17 puntos de diferencia con 2011 son consecuencia del descontento de quienes sienten no necesariamente que están mal, pero sí estancados. El votante siempre quiere más; es su pulsión biológica. Alrededor de este dato pueden tejerse discursos de seguridad, narcotráfico, inflación, presión impositiva, “institucionalidad”, pero el problema de fondo es el bienestar económico. La idea de un “cambio” abstracto no hubiese prendido en 2011, pero tuvo oportunidad de hacerlo en el tardío 2015. Este descontento relativo no puede combatirse electoralmente con el listado de logros del oficialismo de los últimos 12 años. El votante que integra esta franja de 17 puntos no es en promedio el más politizado y contabiliza los logros como derechos adquiridos. Está pensando en su futuro.
Mientras tanto, vale preguntarse cómo es posible que una franja de la población vote en contra de sus intereses objetivos, de clase; sean trabajadores, pequeños comerciantes o empresarios orientados al mercado interno. Cómo puede ser que vuelvan a elegirse las políticas que llevaron a la economía a los peores tropiezos de la historia y a la gran crisis de 2001-2002, a los picos de pobreza, desocupación y caída del producto, al hiperendeudamiento y la cesación de pagos. Cómo es posible que se destruya inesperadamente lo que llevó más de una década empezar apenas a reconstruir.
Todas estas preguntas van por el camino equivocado. No fue esta opción la elegida por los votantes que cambiaron su voto. Nadie en su sano juicio escupe inocentemente hacia arriba. Para comprender su comportamiento es necesario detenerse en qué prometió cada candidato.
El punto de partida es la economía frenada desde por lo menos 2012. Las causas de este freno son esencialmente dos: la reaparición de la restricción externa que se manifiesta en la escasez relativa de dólares y el cambio de las condiciones de la economía mundial. Quienes adhieren al pensamiento económico heterodoxo saben que si en este contexto adverso se hubiesen aplicado las políticas de la ortodoxia, la economía no estaría frenada, sino directamente en recesión. La salida de esta situación es una sola: un proceso de desarrollo planificado que transforme la oferta, la estructura productiva, para exportar más e importar menos, lo que a su vez requiere una macroeconomía que enfatice la demanda, única manera de sostener los volúmenes de inversión. Se trata de un proceso de carácter necesario si el objetivo es el crecimiento del empleo y la distribución del ingreso. Esta es la propuesta lógica que hizo explícita el candidato oficialista y que, por su naturaleza, también lo diferenció de la última década.
La propuesta de los economistas opositores es diferente: el regreso al mainstream. Para los interesados en el desarrollo puede ser una desgracia, pero su impacto, por una razón de subsistencia política, podría ser de baja intensidad. Es posible imaginar, con buena voluntad, un proceso exitoso en sus propios términos. El primer paso sería un ajuste cambiario recesivo que augura un verano tórrido, mediáticamente atribuible a la “herencia recibida”, pero que sería compensado más o menos rápido por ingreso de capitales, no sólo por el cambio de la regulación financiera, sino porque se liquidarían exportaciones inmediatamente, ya sin retenciones y favorecidas por el salto cambiario, y porque sería posible usufructuar nada menos que una de las mejores herencias del kirchnerismo: el desendeudamiento. Si al interior de la nueva fuerza gobernante no se imponen las opciones más gurkas escondidas durante la campaña, es posible que se apele también al gradualismo, lo que permitiría manejar inteligentemente la transición sin mayores sobresaltos. La economía se reconcentraría en sus ventajas comparativas; especialmente el sector agropecuario, el minero y el energético. Sería un aterrizaje suave hacia lo que se conoce como “modelo de desarrollo dependiente”, con estabilidad macroeconómica de mediano plazo y sin mayores conflictos al interior de las clases hegemónicas y frente a los poderes continentales. La contrapartida sería la vuelta al endeudamiento y la baja creación de empleo, lo que deprimirá la capacidad de negociación de los asalariados, es decir; baja inflación, bajos salarios y mercado interno acotado. Es también probable que se evite la confrontación política de privatizar YPF y Aerolíneas, pues no hace falta abandonar la propiedad estatal para reducir el peso de una empresa pública en sus sectores específicos. Hasta es posible que un gobierno neoliberal consiga superar una primera reelección, lo que abre una perspectiva de 8 años de macrismo. El peronismo que regrese, contra lo que sueñan algunos despistados, seguramente no será el kirchnerismo, el que será demonizado casi como política de Estado.
Queda un detalle. Si bien éstas son las dos opciones que se jugarán en el ballottage del próximo 22 de noviembre (desarrollo soberano con transformación de la estructura productiva versus desarrollo dependiente), no son las que visualiza la franja de votantes no politizados que dejó de votar al oficialismo. Mientras el sciolismo hasta publicó en forma de dos libros su propuesta y medidas para un programa de desarrollo que permita superar el estancamiento, el macrismo tomó la decisión audaz de no explicitar su propuesta. Siguiendo la receta de su gurú electoral Jaime Durán Barba, involuntariamente revelada por el ex secretario de Política Económica de la Alianza y actual diputado, Federico Sturzenegger, sus representantes económicos sólo expresan generalidades, no planes. Las respuestas que se escuchan cuando se demandan precisiones descolocan al interlocutor especializado: “La gente quiere sentirse segura, que no la roben”, “necesitamos más educación”, “Mauricio está muy preocupado por bajar la pobreza”, “queremos más transparencia y que se acaben los enfrentamientos entre argentinos”, “la inflación es un flagelo” y “es necesario terminar con el narcotráfico”. No alcanza con preguntar cómo lograr toda esta revolución de la alegría para un mundo sin problemas. Por más que se repregunte y se insista en que el tema de debate es la economía, las respuestas serán nuevamente las mismas. Pero si el votante menos politizado no lo advierte, más temprano que tarde podría tener que responder lo mismo que Don Quijote después de cada derrota: “Seguro, Sancho, sucedió por modo de encantamiento”.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Hoy no puedo ser breve - Sepan disculpar los fiacas

Posteo de la compañera India Kautiv en Facebook  

 
Ir a la Unidad Basica es como ir a Misa- uno sale mas santo , mas bueno, renovado, con esperanzas y ganas de ser mejor, y de transformar el mundo injusto q generamos los propios seres humanos.

 
Mis conclusiones , luego del plenario de ayer.

1- Autocrítica (adentro de la básica) se perdió la pcia y distritos, porque cometimos errores. No ganaron ellos. Perdimos nosotros.

2- Quedarnos en lamentos y en "si hubiesemos" sólo sirve un rato, para aprender y no repetir errores. Pero se pone un corte a la critica y se avanza-

3- Redoblar el esfuerzo. hay que dejar TODO en estos días. Están en juego 2 modelos de país: UNO que aún con sus errores, nos tendió la mano para que nuestro esfuerzo valga, y nos cambió la vida cotidiana, no sólo con cuestiones materiales y tangibles : casa, techo, comida, vacaciones, celular, paseos, cervezas y fútbol, peluquerías y zapatos nuevos) sino tambien en los bienes más preciados, esos q son "invisibles" pero que se sienten en el alma y en el cuerpo: orgullo de ser argentino, compañerismo, identidad, dignidad, alegría, esperanza, fe y empatía. OTRO que propone un Estado casi ausente para regular la vida de los argentinos, con lo que se salvará el que pueda, y no es precisamente la clase baja ni la media. Que se arrodilla ante el Fondo Monetario Internacional, se endeuda, y luego paga con nuestros sueldos, por lo cual aplica recortes a todos los argentinos, sin siquiera preocuparse por los mas vulnerables, como por ejemplo, nuestros jubilados, que correrían el riesgo de que sus sueldos sean miserables-

4- Militar de acá al 20, es acercarte a la Unidad Básica cercana a tu casa, y decir "hola, quiero militar con uds" Serán bien recibidos, matecito de por medio, organizaran enseguida las tareas a realizar.

PARA LOS QUE NO PUEDEN IR A LA U. BASICA, hablar con los vecinos, los comerciantes, los compañeros de trabajo. Siempre explicando de buena manera qué es lo que está en juego, cuales son esos dos modelos antagónicos de país que se debaten en la proxima elección, siempre con paciencia, sin agresiones ni subestimaciones.

PARA LOS QUE NO PUEDEN SALIR DE SUS CASAS, y se manejan via redes sociales: aceptar gente a debatir las propuestas de Scioli y Macri. Explicando los motivos por los que consideramos y estamos convencidos que al presente, Scioli es la mejor opción. No tiene sentido "militar entre nosotros" entre nosostros nos informamos, nos ayudamos, pero hoy se trata de ir a buscar el voto del indeciso, del que ignora las propuestas (si, si, hau muchas personas que desconocen quien es Macri y cual es su posición)

Sugerencia...

No todos sabemos de numeros, de inflación , de economía, de leyes. Pero hay un ejercicio que TODOS podemos hacer y sugerir al otro que lo haga: "Cómoo estás vos al presente, como te fue en estos años? y a tu entorno? a tu grupo familiar? Dirán algunos "me pelé el traste laburando" entonces invitamos a pensar "y antes...no te lo pelabas? no trabajabas con el mismo esfuerzo? Tenias un buen empleo? " Qué CAMBIO es realmente el que querés¨? Porque tener RECORTES en el SUELDO tambien es un CAMBIO-

Pensaste bien , cuando te dicen CAMBIO, a que se refieren?

A salir ya- Con amor a la Patria, con alegría y esperanza.

Estamos felices de estar dando esta batalla, y eso lo aprendimos con Nestor.


 https://www.facebook.com/india.cautiva/posts/1636992983184823

lunes, 26 de octubre de 2015

Ajá, conque el pueblo tiene el poder.

Mañana de lunes.
Ayer fueron las elecciones presidenciales. Mis malos presentimientos hicieron que me fuera a dormir bastante antes de que los resultados se hicieran irreversibles. Cuando Scioli hizo su discurso de campaña para la segunda vuelta y el candidato de la reacción conservadora ensayaba su patético bailecito de festejo decidí que era hora de dar por terminado el domingo.
Ahora son las seis de la mañana, acabo de despertar. Miro a los ojos a mi hija mas chiquita que hoy cumple siete meses de vida. Ella, tal vez no entienda pero seguro percibe mi tristeza y mi preocupación, se nota en su mirada que refleja mi gesto. Escucho las palabras de mi compañera que ansiosa esperaba mi despertar para compartir su estupor y su angustia. Leo los mensajes de mis hijos mayores, expresan asombro, incredulidad, bronca y desazón. Me recuerdan a la tira de Mafalda el día del golpe de Onganía contra Illia. Es que algo similar esta ocurriendo, la derecha oligárquica y proimperialista asaltando el poder político del estado.

Ya llegará el tiempo para los análisis sesudos y para las “autocríticas”, los “reordenamientos” y las “resistencias” y todas esas cuestiones de las estrategias y tácticas de la política. Todo ocurrió recién ayer, aún es pronto para conclusiones mas profundas, pero creo que algunos aún no repararan en la gravedad de lo que ocurrió.

Escucho acerca de traiciones, de “fuego amigo”, leo críticas sobre malas decisiones estratégicas, de candidatos incorrectos, de errores tácticos … que Scioli sí, que Aníbal no, que Randazzo ni … si, si, puede ser. Claro que sí, pero eso viene después de hacernos cargo de la realidad. Ya habrá por allí alguno que mencione que el voto no siempre es consciente o que se queje de quienes no se dan cuenta de que estan votando contra sus propios intereses. Y hasta nos encontraremos en el bando de los buenos progresistas con iluminados vanguardistas que desprecien la calidad de quienes emiten el voto cooptados y atraídos por prebendas y beneficios.

Lo notable que diferencia esta vez de otras es que ayer no hizo falta que se produzca una batalla decimonónica con cientos de gauchos degollados por defender un color y un proyecto político, tampoco hicieron falta masacres de obreros anarquistas en huelga en las calles de Buenos Aires. Esta vez no se requirieron cobardes y arteros bombardeos a civiles indefensos en Plaza de Mayo ni fusilamientos clandestinos en basurales conurbanos. Menos hizo falta instalar el terrorismo de estado para desaparecer, torturar, violar y asesinar a mansalva a decenas de miles y mucho menos fue necesario provocar una guerra criminal. Por suerte claro.

Esta vez, otra vez, es el famoso “el pueblo” - categoría sumamente vaga e incierta que hoy también se ha dado a conocer como “la gente” - es ese “el pueblo” , decía, construido como infalible en virtud de ser el depositario último de la soberanía en el ideario del pensamiento eurocéntrico racionalista credor y sostenedor del imperialismo planetario, el que, sin derramamientos de sangre y de manera civilizada y mansa, en perfectísimas elecciones burguesas libres, entrega el poder del estado a la oligarquía y a los delegados imperiales. Del porque esto es así se hablarán horas y se escribiran kilómetros.

Es que ayer, una gran mayoría de ciudadanos argentinos, conscientes o no, decidieron votar a favor de las opciones que propuso lo que clásicamente se ha estado denominando “la derecha institucional” y que yo prefiero definir como la “reacción oligárquico - conservadora y proimperialista” para que quede mas claro el concepto. Doce años de gobiernos de “izquierda populista” como definió The Guardian a los de NK y CFK no alcanzaron o no sirvieron para instalar el concepto de necesidad de cambio social. El proyecto no tuvo hijos, o mejor dicho tuvo hijos que no supieron construir para consolidar lo ganado y avanzar por mas.

Mi otra hija habla de la necesidad de militar … mas? Me pregunto si el problema es que realmente no hubo suficiente militancia o si lo que hubo fue una militancia poco efectiva y trascendente con verdadero impacto movilizador. Me contesto, no lo sé pero parece que la construcción política territorial de la fuerzas de la reaccion oligárquica – militancia - fue netamente superior a la de las fuerzas propias. Lo interesante es que esa construcción política de la reacción conservadora no ha sido clandestina, oculta ni subrepticia, se viene llevando a cabo desde hace varios años a la luz del día, a cara descubierta y lo que es mas grave con conocimiento y operadores que provienen de las filas del movimiento peronista en general y del kirchnerismo en particular. Habrá que ver.

Por un momento me viene a la mente el cuento de Jesús caminando sobre las aguas mientras Pedro se hunde cuando intenta imitarlo. Al verlo chapoteando con el agua al cuello, Jesús le grita – Era con fé Pedro, con fe pero por las piedras. Las consignas como “el amor vence al odio” y “la patria es el otro” son muy loables por cierto y las suscribo sin dudas pero creo que muchos olvidaron que en el mundo material si no caminás por las piedras te podés hundir. La fe es importante, muy importante no lo dudo pero la materialidad es condicionante y no estoy hablando del consumo sino del universo de los hechos sociales.
MC - Operador Visceral.

lunes, 19 de octubre de 2015

Rotundo NO y una diferencia con el inmediato pasado kirchnerista.

cash
Domingo, 18 de octubre de 2015
ENFOQUE

De traiciones y sorpresas

 Por Claudio Scaletta
En materia de sciolismo, un riesgo que alcanzó incluso al kirchnerimo más puro y duro fue seguir la línea conspirativa de alguna prensa, una virtual paradoja para un sector político que elevó el análisis del discurso mediático prácticamente a política de Estado. Repasando muy rápidamente el relato conocido, Daniel Scioli aparecía, en el mejor de los casos, como “la gran esperanza blanca”; en el peor, como un traidor al asecho con abundante legajo menemista.
Es justo reconocer que la prosa indeterminada del candidato, rayana en el optimismo ingenuo, no ayudaba ni a la mística ni a la identificación militante. La expresión común entre los más escépticos fue durante algún tiempo “prepararse para el reflujo del campo popular”. El gran temor era que, una vez ungido como candidato, Scioli mostraría su verdadera esencia, nada menos que la construida por los medios hegemónicos: un neoliberal agazapado, condescendiente con el poder económico, que sólo toleraba al kirchnerismo como instrumento maquiavélico para el camino de su ambición política. Un neoliberal que surgiría tan pronto se sintiese libre.
Mientras este debate “extrasciolista” tenía lugar, el candidato se limitaba a recitar como un mantra sus pergaminos, esos que mostraban que, a diferencia de personajes como Julio Cobos o Sergio Massa, jamás cedió ante las tentaciones del establishment. Un poder establecido que se cansó de seducirlo y ensalzarlo para que se corte solo vía un juego de pinzas que al mismo tiempo lo acusaba de felpudo presidencial. Pero Scioli, efectivamente, nunca traicionó. Aun teniendo más espacio para hacerlo que personajes menores, pues gobierna la principal provincia del país y no le hubiese costado nada aglutinar a esa gran masa de conservadurismo popular que son los peronismos provinciales. Y más aún a sabiendas de que los grandes medios lo acompañarían en la patriada.
Pero el futuro llegó y junto con alguna sorpresa militante frente a la firmeza sciolista en la defensa de las banderas del proyecto nacional, aumentó el escepticismo mediático. La prensa sigue trajinando, sin resultados a la vista, la afirmación de que el candidato no crece en las encuestas por culpa de su kirchnerismo. No importa que ya haya designado prácticamente a la totalidad de su gabinete con un sello absolutamente propio, los columnistas avispados insisten en mostrarlo como un obediente sin personalidad. Se supone, notablemente, que el convencimiento de los indecisos llegaría abrazando la agenda opositora, sin que se entienda, al mismo tiempo, por qué en ese caso todos los indecisos no se van con la oposición.
Mientras llueven los cada vez menos convincentes ríos de tinta, Scioli se presenta en los ágapes empresarios sin ceder a los ya desesperados intentos de imposición de agenda. Más allá de los deslices de algún líbero, el mensaje del candidato no deja lugar para ambigüedades: no habrá megadevaluación, no deben esperarse shocks macroeconómicos, no habrá subordinación al poder financiero y no se cambiarán los alineamientos estratégicos de política internacional de la última década.
Scioli logró hasta el prodigio de peronizar a un viejo economista de la city como Miguel Bein, quien, en un videorreportaje concedido esta semana al diario La Nación, explicó en detalle cómo los instrumentos tradicionales más sencillos para bajar rápidamente la inflación efectivamente podrían bajarla, pero al costo de una recesión espantosa que dejaría en el subsuelo el ingreso de los trabajadores. Cuando le preguntaron por el principal problema económico de la Argentina, no dudó un segundo. No contestó “la inflación”, “el tipo de cambio”, “el déficit fiscal”, ni ninguna de las zonceras de la ortodoxia, sino que retomando la tradición de los grandes macroeconomistas locales, señalo que el verdadero problema era la restricción externa. No se trata de una cuestión semántica o de matices en el diagnóstico. Si se piensa que los problemas son los que señala la ortodoxia, no hay otra salida que el ajuste. De la restricción externa, en cambio, se sale solamente con desarrollo; con la transformación de la estructura productiva. Las diferencias, entonces, no son de discurso, son de proyecto de país. A pesar del tono monocorde de la campaña, en las próximas elecciones no están en juego los detalles, sino dos modelos antagónicos: el ajuste a cuenta del salario de los trabajadores o la salida hacia adelante: el desarrollo que permita retomar el crecimiento con inclusión. Con distintos énfasis todos los candidatos refieren semánticamente al deseo del desarrollo, los objetivos parecerían comunes, pero el destino se define en el tipo de problemas que se identifican y en cómo se superan.
Otro mito que destruyó el candidato fue el de su supuesta subordinación al poder económico. Cuando más de 1000 empresas sostienen un “coloquio”, repetitivo en sus ideas, a un costo base de 300.000 pesos por firma, no lo hacen para discutir un proyecto de país, sino para imponer su agenda de negocios. No está ni bien ni mal, es la lógica de los actores, pero en todos los procesos de desarrollo conocidos no son los negocios los que conducen al Estado, sino el Estado quien conduce los negocios. Dicho de otra manera, la agenda es impuesta por la política. Los empresarios repitieron en IDEA su tic nervioso, la idea fracasada de que todos los problemas de competitividad se solucionan bajando salarios. Por supuesto, no lo dicen con estas palabras, sino vía múltiples eufemismos. El principal: el tipo de cambio; y los subsidiarios: la lucha contra la inflación, la reducción de subsisdios y el pago sin patalear a los buitres para retomar las recetas del poder financiero.
Frente a estos reclamos, la agenda que Scioli llevó a la elite empresaria fue un rotundo “no”, especialmente a ajustar salarios vía megadevaluación. Su oferta fue acorde con el verdadero problema principal: un programa de desarrollo que, si resulta bien comprendido por quienes allí lo escuchaban, puede ser el inicio de una nueva relación ganar-ganar. Un plan que, desde otra lógica y excluidas las formas, sí representa la principal diferencia con el inmediato pasado kirchnerista.


Abuelas de la Plaza