jueves, 13 de julio de 2017

La Zanja de Alsina

Encuesta Ruvier
La nueva Zanja de Alsina en la PBA deja a la barbarie sitiando a la CABA en el 1°, 2° y 3° Cordón el conurbano con CFK como líder y a la civilización amarillita del otro lado votando al fascista oligárquico del señor Bullrich.

El mapa estaría mostrando de manera muy clara quienes son los beneficiados y quienes los perjudicados por el gobierno oligárquico.

Si se traduce en votos habrá esperanzas de tener en el senado de la nación alguien que defienda los intereses del pueblo ante el atropello del gobierno de los ricos.

domingo, 9 de julio de 2017

Nada que festejar

 ... parece que el tipo que bailó en la rosada el 10 de diciembre de 2015 quiere proponer que se reforme la casa de la independencia para que quede cómo estaba en 1869 cuando éramos menos de 2 millones y el racista Sarmiento gastaba su período presidencial entre los de Avellaneda y Mitre promoviendo el genocidio de gauchos e indios y uno de los ideólogos del modelo de país que Macri quiere implementar.

jueves, 8 de junio de 2017

A los compañeros del EVITA ...

... a esos amigos, militantes peronistas y adherentes de otros barrios de la política Argentina del siglo XXI que honestamente están políticamente alineados detrás de sus referentes, Pérsico, Navarro, Abal Medina y otros, apoyando a la irrenunciable precandidatura de Randazzo les pido encarecidamente que nos expliquen públicamente cuál es la propuesta política del ex ministro y sus adherentes, propuesta tras la cual debiéramos encolumnarnos. Cómo se va a implementar dicha propuesta y cuál es el compromiso que los candidatos asumen para garantizar su cumplimiento. 

Asimismo les pido a aquellos compañeros del EVITA que se tomen el trabajo de responder, que se abstengan de agumentar acerca de lo mal que hizo CFK y cuales son sus carencias, sus ineptitudes y sus perversas intenciones antidemocráticas, eso podemos discutirlo después de las elecciones o mejor aún cuando el enemigo oligárquico ya no esté en la Rosada. Por ahora todo lo que veo y escucho por boca de los dirigentes y voceros de ese espacio, es que CFK no sabe construir, que son trasnochados, que es el pasado, que los quieren proscribir, que es sectaria y cosas así (discurso que curiosamente parece estar construidos para o por zócalos de algún medio antiK) pero cuestiones verdaderamente serias e importantes como diagnósticos sobre la situación actual, o propuestas o una simple y humilde lista de acciones a implementar para revertir el actual estado de emergencia social no existen.
Todo se resume en disputarle el espacio y la lapicera a CFK cuando tenemos al enemigo en La Rosada ciertamente por causa del accionar del "ofendido compañero ex ministro" en 2015. (ojo que jamás se me ocurriría llamarlo traidor, quede esto bien claro)
Les pido además se abstengan de enunciar cosas tales como que digo pavadas, que no sé de qué hablo, que no entiendo nada, o peores como ya me ha estado pasando últimamente. Este documento no es para chicanear sino para saber de verdad que se propone desde ese espacio últimamente tan promocionado por los medios.

POr otra parte vale aclarar que NO, reitero, NO soy de La Cámpora ni adherente a ese espacio. Simplemente soy un peronista de muchos años que está cansado del discurso ideológicamente vacío duranbarbista creado como para arrear giles que se basa en deslegitimar y bastardear la imagen del oponente y absolutamente NOpropositivo como lo ha implantado largamente la oligarquía en el poder. 

Los peronistas no somos eso creo. Pasa que no tengo la menor idea de que peronista resulta ser Randazzo hoy por hoy. 

Por favor ayúdenme a entender.

Martín Campos

jueves, 11 de mayo de 2017

Se necesitan horizontes

Se necesitan horizontes

publicado en el blog Espejos Extraños 

Boaventura de Sousa SantosTraducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez
Las ocho personas más ricas del mundo poseen tanta riqueza como la mitad más pobre de la población mundial (3,5 mil millones de personas). Se destruyen países (de Irak a Afganistán, de Libia a Siria, y las próximas víctimas pueden ser tanto Irán como Corea del Norte) en nombre de los valores que debían preservarlos y hacerlos prosperar, ya sean los derechos humanos, la democracia o el primado del derecho internacional. Nunca se habló tanto de la posibilidad de una guerra nuclear.
Los contribuyentes estadounidenses pagaron millones de dólares por la bomba no nuclear más potente jamás lanzada contra túneles en Afganistán, construidos en la década de 1980 con su propio dinero, gestionado por la CIA, para promover a los islamistas radicales en su lucha contra los ocupantes soviéticos del país, los mismos radicales que hoy se combaten como terroristas. Mientras, los estadounidenses pierden el acceso a la atención médica y son llevados a pensar que sus males son causados por inmigrantes latinos más pobres que ellos. Tal y como los europeos son llevados a pensar que su bienestar está amenazado por los refugiados y no por los intereses imperialistas que están forzando al exilio a tanta gente. Del mismo modo que los sudafricanos negros, empobrecidos por un mal negociado fin del apartheid, asumen actitudes xenófobas y racistas contra inmigrantes negros de Zimbabue, Nigeria y Mozambique, tan pobres como ellos, por considerarlos la causa de sus males.
Entretanto, circulan por el mundo las tiernas imágenes de Silvio Berlusconi dando el biberón a cabritillos para defenderlos del sacrificio de Pascua, sin que nadie denuncie que durante esos minutos televisivos miles de niños murieron por falta de leche. Como tampoco son noticia las fosas clandestinas de cuerpos desmembrados que constantemente se están descubriendo en México, mientras que las fronteras entre el Estado y el narcotráfico se desvanecen. Como tenemos miedo de pensar que la democracia brasileña morirá el día en que un Congreso de políticos enloquecidos, corruptos en su mayoría, consiga destruir los derechos de los trabajadores conquistados a lo largo de cincuenta años, un propósito que, por ahora, los políticos brasileños parecen lograr con inaudita facilidad. Tiene que haber un momento en que las sociedades (y no solo unos pocos “iluminados”) lleguen a la conclusión de que esto no puede seguir así.
Para ello, la negatividad del presente nunca será suficiente. La negatividad solo existe en la medida que aquello que niega es visible o imaginable. Un callejón sin salida se convierte fácilmente en una salida si la pared en que termina tiene la falsa transparencia de lo infinito o de lo ineluctable. Esta transparencia, que es falsa, es tan compacta como la opacidad de la selva oscura con la que antes la naturaleza y los dioses vedaban los caminos de la humanidad. ¿De dónde viene esta opacidad si la naturaleza es hoy un libro abierto y los dioses un libro de aeropuerto? ¿De dónde viene la transparencia si la naturaleza, cuanto más se revela, más se expone a la destrucción, si los dioses sirven tanto para trivializar la creencia inconsecuente como para banalizar el horror, la guerra y el odio?
Hay algo de terminal en la condición de nuestro tiempo que se revela como una terminalidad sin fin. Es como si la anormalidad tuviese una energía inusitada para convertirse en una nueva normalidad y nos sintiésemos terminalmente sanos en lugar de terminalmente enfermos. Esta condición deriva del paroxismo al que llegó el instrumentalismo radical de la modernidad occidental, tanto en términos sociales como culturales y políticos. El instrumentalismo moderno consiste en el predominio total de los fines sobre los medios y en la ocultación de los intereses que subyacen a la selección de los fines en forma de imperativos falsamente universales o de inevitabilidades falsamente naturales. En el plano ético, este instrumentalismo permite a quien tiene poder económico, político o cultural presentarse socialmente como defensor de causas cuando, de hecho, es defensor de cosas.
Este instrumentalismo asumió dos formas distintas, aunque gemelas, de extremismo: el extremismo racionalista y el extremismo dogmatista. Son dos formas de pensar que no permiten contraargumentación, dos formas de actuar que no admiten resistencia. Ambas son extremadamente selectivas y compartimentadas de tal modo que las contradicciones ni siquiera aparecen como ambigüedades. Las caricaturas revelan bien lo que está más allá de ellas. Heinrich Himmler, uno de los máximos jefes nazis, que transformó la tortura y el exterminio de judíos, gitanos y homosexuales en una ciencia, cuando regresaba de noche a casa entraba por la puerta trasera para no despertar a su canario favorito. ¿Es posible culpar al canario por el hecho de que el cariño que le tenía Himmler no era compartido por los judíos? A su vez, es conocida la anécdota de aquel comunista argentino tan ortodoxo que incluso en los días de sol en Buenos Aires usaba sombrero de lluvia solo porque estaba lloviendo en Moscú. ¿Es posible negar que detrás de tan acéfalo comportamiento no estuviera un sentimiento noble de lealtad y de solidaridad?
Las perversidades del extremismo racionalista y dogmatista están siendo combatidas por modos de pensar y de actuar que se presentan como alternativas pero que, en el fondo, son callejones sin salida porque los caminos que señalan son ilusorios, sea por exceso de pesimismo, sea por exceso de optimismo. La versión pesimista es el proyecto reaccionario que tiene hoy una renovada vitalidad. Se trata de detestar en bloque el presente como expresión de una traición o degradación de un tiempo pasado, dorado, un tiempo en el que la humanidad era menos amplia y más consistente. El proyecto reaccionario comparte con el extremismo racionalista y dogmatista la idea de que la modernidad occidental creó demasiados seres humanos y que es necesario distinguir entre humanos y subhumanos, pero no piensa que ello debe derivar de ingenierías de intervención técnica, sean ellas de muerte o de mejora de raza. Basta que los inferiores sean tratados como inferiores, sean mujeres, negros, indígenas, musulmanes. El proyecto reaccionario nunca pone en cuestión quién tiene el privilegio y el deber de decidir quién es superior y quién es inferior. Los humanos tienen derecho a tener derechos; los subhumanos deben ser objeto de filantropía que les impida ser peligrosos y los defienda de sí mismos. Si tuviesen algunos derechos, siempre deben tener más deberes que derechos.
La versión optimista de lucha contra el extremismo racionalista y dogmatista consiste en pensar que las luchas del pasado lograron vencer de modo irreversible los excesos y perversidades del extremismo, y que somos hoy demasiado humanos para admitir la existencia de subhumanos. Se trata de un pensamiento anacrónico inverso, que consiste en imaginar el presente como habiendo superado definitivamente el pasado. Mientras el pensamiento reaccionario pretende hacer que el presente regrese al pasado, el pensamiento anacrónico inverso opera como si el pasado no fuese todavía presente. Debido al pensamiento anacrónico inverso, vivimos un tiempo colonial con imaginarios poscoloniales; vivimos un tiempo de dictadura informal con imaginarios de democracia formal; vivimos un tiempo de cuerpos racializados, sexualizados, asesinados, descuartizados con imaginarios de derechos humanos; vivimos un tiempo de muros, fronteras como trincheras, exilios forzados, desplazamientos internos con imaginarios de globalización; vivimos un tiempo de silenciamientos y de sociología de las ausencias con imaginarios de orgía comunicacional digital; vivimos un tiempo de grandes mayorías que solo tienen libertad para ser miserables con imaginarios de autonomías y emprendimiento; vivimos un tiempo de víctimas que se vuelcan contra víctimas y de oprimidos que eligen a sus opresores con imaginarios de liberación y de justicia social.
El totalitarismo de nuestro tiempo se presenta como el fin del totalitarismo y, por eso, es más insidioso que los totalitarismos anteriores. Somos demasiados y demasiado humanos para caber en un solo camino; pero, por otro lado, si los caminos fuesen muchos y en todas las direcciones, fácilmente se transformarían en un laberinto o en un enredo, en cualquier caso, en un campo dinámico de parálisis. Es esta la condición de nuestro tiempo. Para salir de ella es preciso combinar la pluralidad de caminos con la coherencia de un horizonte que ordene las circunstancias y les otorgue sentido. Para pensar tal combinación y, más aún, para pensar siquiera que ella es necesaria, son necesarias otras maneras de pensar, sentir y conocer. O sea, es necesaria una ruptura epistemológica que vengo llamando epistemologías del sur.
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