lunes, 11 de diciembre de 2017

Defender la democracia no es seguro de nada.

Ayer se cumplieron 34 años de la asunción de Alfonsín al cargo de Presidente de la Nación elegido en unos comicios tan libres y democráticos como podrían serlo en ese momento. Algunos han pretendido instalarlo como el padre de nuestra "recuperada" democracia al ser designado después de que se retiraran en derrota y deshonrados los delincuentes genocidas luego de los años de terror, oscuridad y muerte. Pero no debemos confundirnos.

La Democracia (burguesa), que viene a ser una forma de organización que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía o pueblo y que 
tan cívicamente insisten en defender muchos ciudadanos bienpensantes, históricamente, solo tiene como padres a la clase burguesa, a los burgueses, es decir a los varones, mayores, propietarios, letrados que la inventaron para consolidarse y perpetuarse en el poder luego de destituir a las monarquías absolutas bajo cuya sombra enriquecieron y acumularon poder con sus negocios.

En ningún caso ingresaban a esa categoría ni accedían a los derechos conquistados de "ciudadano" o "pueblo", ni mujeres, ni niños, ni foráneos, ni negros, ni indios, ni pobres, ni chusma, ni siervos, en fin las mayorías debían quedar fuera.
Un caso paradigmático de esto es que hasta mas allá de mediados del siglo XX la democracia boliviana solo incluía a menos del 20% de la población total. Solo después de la reforma constitucional llevada a cabo bajo el gobierno de Evo Morales que instaura la República Plurinacional se puede decir que es democracia ha dejado de ser burguesa para convertirse en algo diferente aún en proceso de consolidación.

Con el tiempo y por medio de permanentes enfrentamientos, casi siempre violentos y sangrientos, con una pornográfica producción de cadáveres proporcionados por los sectores subalternos, la burguesía cedía ciertos derechos a otros segmentos sociales excluidos inicialmente en aquella democracia cerrada. Ese proceso en nuestra sociedad ha tenido idas (las menos) y retrocesos (los mas) y está registrado en  las diversas  redacciones de las cartas constitucionales y documentos fundacionales que les dieron lugar en cada caso. 

Dichas redacciones y documentos no son otra cosa que la consecuencia legal del resultado de los enfrentamientos cruentos o no, que hubieran tenido lugar en la disputa por el control de las "riquezas naturales" y del excedente del producto del trabajo humano sobre ella. Es decir que la Constitución Nacional fue y es una declaración jurídica formal de los sectores dominantes, vencedores circunstanciales de aquella disputa, que establece cuales serán sus propios límites en el ejercicio del poder político sobre el resto de la sociedad, s decir los vencidos.

La prueba misma es la caída  de Alfonsín a manos de los intereses oligárquicos vernáculos  y proimerialistas que son los mismos que hoy nos gobiernan. 

Si los sectores populares, es decir la gente común, no toman consciencia y no logran invertir la actual correlación de fuerzas, asumir el poder político y económico y derogar nuestra constitución liberal  para imponer una nueva que consagre los derechos de quienes objetivamente no formamos parte de las actuales clases dominantes todo seguirá peor. El horizonte actual no es otro que el fascismo institucionalizado en nuestra sociedad.


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