sábado, 4 de abril de 2020

Sucesos de dominio público


Después del abominable  caceroleo militante de la antipolítica y en defensa de los millonarios vino lo de las colas de jubilados en las sucursales bancarias. 

A ver, las colas en los bancos en medio de una cuarentena es un despropósito por supuesto. Los peligros de contagio y circulación del virus son reales y de seguro lamentaremos las consecuencias en unos 10 días. Ahora ya no hay modo de remediar el daño, solo pensar en evitar su reiteración.
 
Al reflexionar sobre estos eventos se nos aparecen varios niveles de responsabilidad por lo ocurrido sobre los que conviene razonar.

1.- Actividad de medios y oposición oportunista intentando limar la creciente imagen política del presidente. Continuación de la operación cacerolas en los balcones.

Una causa y no la menos importante es el nivel abrumador de desinformación generada por los medios. Las instrucciones e indicaciones oficiales estaban dadas, luego hablaremos sobre ellas, pero los medios en lugar de colaborar con su correcta difusión se dedicaron a parcializarla superponiéndola  con imágenes descontextualizadas y zócalos/títulos catástrofe mientras se difundían “opiniones especializadas” de personas no especializadas con discursos contradictorios, generando confusión,  desorientación y angustia entre aquellas personas que ya de por sí estaban confundidas, desorientadas y angustiadas por el encierro prolongado, la amenaza real de la enfermedad y sus horribles consecuencias y la escasez o falta de recursos económicos tanto reales para muchos como respetablemente imaginarias para otros tantos.

Se creó de ese modo en los días anteriores a este viernes un caldo de cultivo muy fértil para las sucias actividades de campaña de los representantes políticos oportunistas y sus empleados precarizados los troll malalecheros y de sus socios los medios cómplices, todos ellos, en su momento defensores de la desfinanciación y desmantelamiento del sistema de salud pública y que ahora dan clase de epidemiología.

Impericia política ante una situación delicada  pero sobre todo inédita

Otra de las causas importantes que aportaron lo suyo es la impericia y falta de visión política de funcionarios clave del gobierno y  eso cuando no liso y llano boicot o quite de colaboración de parte de funcionarios de segunda línea residuales de la gestión anterior camuflados y dispuestos para limar al actual como en este momento.
Respecto de los propios, parece ser notorio el hecho lamentable de no haber tenido la visión política de “limpiar” de topos o por lo menos neutralizarlos preventivamente desde antes del inicio de la emergencia sanitaria. El lema debió haber sido “Democracia sí estupidez no”.
También es remarcable el grave error político de ciertos funcionarios demasiado “técnicos” en algunos ministerios y entidades oficiales conexas como autoridades de la Anses, del BCRA, y otras al no haber previsto que estamos ante un hecho de enorme impacto social y sobre todo absolutamente novedoso que de seguro puede disparar respuestas sociales novedosas aunque no imprevisibles.

Entidades bancarias y crediticias parcialmente obedientes pero no especialmente interesadas en colaborar

No es novedad el hecho de que por definición las entidades crediticias privadas se dedican a la compra y venta de dinero con márgenes de ganancias que dan sentido único a su existencia. Cualquier otra actividad impuesta por el estado es apenas una molesta carga que genera gasto sin beneficio y en la mayoría de los casos si es obligatoria será llevada a cabo a desgano. Eso es lo que ocurre siempre y no había razón alguna para que no ocurriera ayer y ocurrió.
En relación a las entidades crediticias oficiales podemos decir que si bien sus objetivos formalmente declarados son diferentes a los de los privados y están apuntados a ofrecer un servicio público ocurre que durante muchos años y en particular en los últimos cuatro la ideología dominante impuesta por los directivos políticos direccionó a sus funcionarios hacia una mirada similar a la de los privados, es decir esencialmente rentista y en pos de la maximización de las ganancias, en este caso de ciertos usuarios particulares (como el caso de Vicentín por ejemplo) o directamente de los funcionarios políticos allí instalados por el gobierno de CEOs.

Esperar de éstas organizaciones algún tipo de colaboración espontánea en beneficio de la población es ingenuo. Debe ordenárseles en detalle y taxativamente que es lo que se les impone. No haberlo hecho es un error político de las autoridades correspondientes.
Sumemos en éste ítem la pereza política y poca cintura de los representantes gremiales del sector para ponerse a la cabeza de las acciones necesarias en pos de exigir a las entidades una dinámica más acorde a las circunstancias.

Anti-plastiquismo sistémico y caprichismo individualista.

Según algunas informaciones hay más de 1.7 millones de beneficiarios de ANSES que regularmente no utilizan el plástico para retirar fondos de sus cuentas. Las razones relevadas pueden ser variadas, desde aquellos que sistemáticamente  olvidan la clave y de ese modo terminan alimentando el apetito del insaciable cajero/máquina devorador de plástico, están los que pierden la tarjeta en otro saco o en otra bolsa o en el estante de la biblioteca, los que le tienen miedo pánico a la máquina dispensadora de billetes, los fanáticos que militan conductas supuestamente antisistema, están aquellos que como un conocido de mi suegro que con más de 10 años de jubilado contesta que “no sabía que la tarjeta era para cobrar la jubilación”, también existen los que además de todo eso desconfían de parientes y/o amigos para encomendarle las extracciones, en fin, razones varias como dijimos. A estos casi 2 millones de habituales visitadores mensuales de ventanillas bancarias se sumaron ayer muchos, demasiados que aunque se informó había ciertas prioridades y un dado orden igualmente se presentaron para hacer cola horas antes de la apertura para “ver si podían sacar la plata antes de que se acabe”
Como ya dijéramos, es obvio que no hubo la debida visión política como para prever esto, aun así podemos señalar que la imbecilidad humana alcanza ribetes exóticos.

Podemos exceptuar de nuestra crítica a algunos adultos mayores – mayores,  quienes tengan serias dificultades para ubicarse temporoespacialmente y que cuestiones de la vida además estén solos, sin familiares, ni amigos, ni vecinos confiables y de buena voluntad que los orienten y ayuden Sabemos que muchas personas mayores – mayores desarrollan actitudes y conductas algo irracionales y desconectadas del habitual curso de los acontecimientos. Esos casos sumamente respetables y que no necesitan justificación alguna más que la expresada, seguramente son escasos y completamente manejables frente a los números ya mencionados.
El resto son personas hábiles que desarrollan con total habilidad las actividades que se requieren para la vida normal, la mayoría es autónoma y en los casos que no es así se han dado las condiciones para vivir una vida normal. Muchos no son “abuelitos” y muchos otros que aun siéndolo no han perdido las capacidades de escuchar, pensar, razonar. Es decir, la mayoría de todas esas personas que aluvionaron sobre las sucursales bancarias no son unos pobres miserables discapacitados e impedidos que resultaron maltratados por un gobierno tal o cual.

Resulta razonable pensar que son simplemente unos imbéciles irresponsables  que apoyados en razones inválidas y completamente falaces han incrementado considerablemente la probabilidad de que la infección se despliegue más rápidamente entre nosotros.

2 comentarios:

Marcelo, el gaucho dijo...

Venías bien, hasta que al final derrapaste. Más exactamente, te fuiste al carajo. Metételo en la cabeza, flaco: los viejos no son jóvenes que caminan despacito, son viejos. No les vas a pagar por cajero, si los obligás a cobrar por cajero los matás; no figuradamente, se te mueren 1 millón de viejos de hambre. Mi viejo es ingeniero y fue diputado, pero me tuvo que pedir ayuda a mí para poner la tarjeta en su ranura; el cana de la puerta me quiso impedir la entrada y lo tuve que amenazar con cagarlo a palos para que me dejara pasar (y sólo sirvió porque estoy en un pueblo, estimo que en el GBA no debe funcionar). No es que los viejos sean antiplástico: los viejos son viejos.

Y no es que se olvidan la clave porque son boludos, sino porque el banco te la cambia cada dos o tres meses. ¿Cómo carajo se van a acordar los viejos? Yo mismo tengo una caja de ahorro que no puedo usar para cobrar porque me caducó la clave y con la cuarentena no tengo un empleado en el banco que me ayude a recuperarla.

Así que disculpame, pero te fuiste al carajo. Podés decir lo que quieras de los cajeros que cerraron, de los bancos que no ayudan, de las filas de 12 cajeros en las sucursales grandes pero igual sólo funcionaba uno, de la pésima comunicación de ANSES (que no informó a tiempo qué números cobraban), del periodismo que siguió hablando de Tinelli en lugar de repetir esa información en la primera plana cada 15 minutos. Y en todo eso tenés razón. Pero no le eches la culpa a los viejos por ser viejos.

Por lo demás, excelente nota. Un gran saludo,
Marcelo

MC dijo...

... te fuiste al carajo vos Marcelo, tal vez por querer replicar sin haber leído y entendido lo que leíste. Ser viejo es una cosa, pero ser mal bicho, pelotudo o simplemente antisistema es otra cosa que no tiene que ver con la edad. Mas allá de que siempre los hechos sociales, públicos o no, son multicausales, me consta que hay una recua de ... entre esos adultos mayores que solo se amontonaron para joder gratamente o simplemente socializar, empujados por el accionar de los medios y las redes. Estoy jubilado desde hace varios años y solo fui a las oficinas del banco tres veces, cuando recibí mi beneficio, cuando solicité un crédito Procreauto y cuando fui a dejar la huella. ¿Yo que soy marciano? Capaz que te olvidás la clave del plástico y a mi me pasa a cada rato no ahora que soy viejo sino desde hace décadas me la cambien o no, es un problemita mío viste, pero uno puede desarrollar técnicas para recordar o anotar, ahora bien si sos hiperactivo en el Face o en las redes para subir gatitos y perritos o fakes contra Alberto o Cristina, entonces no me jodas. Cuando fui a dejar la huella tuve el agrado de hacer una cola de interminables jubilados que querían retirar su platita por ventanilla algunos para renovar sus plazos fijos. Una mujer abogada en actividad protestaba porque quería hacer la "supervivencia" y le pedían fotocopias de su DNI y coso, ni idea tenía que con el beneficio viene una tarjeta de débito que si la usas una vez al mes por lo menos para comprar algo no necesitas hacer el trámite. Abogada en actividad. Muchos, ingenieros en actividad hasta hace un o dos años o activos comerciantes hoy tienen actitudes incomprensibles. Otro caso fue el de un bancario recién jubilado hacía unos meses que se negaba sistemáticamente a dejar sus pesos en el banco y no quería ni acercarse a un cajero automático, se hacía una cola de una hora mínimo para retirarla toda por modalidad presencial para irse a su casa en colectivo con la tarasca en el bolsillo para ponerla en sobrecitos según sus gastos. Varios me decían que habían rechazado la tarjeta de débito o la habían tirado a la basura porque no la querían o no sabían para que era, especialmente una señora de bastón que subía al remis que la llevaría a su casita con la cartera llena de bastante dinero, ninguno parecía octogenario no ubicado espaciotemporalmente. Otra señora no demasiado anciana pero muy desorientada hacía la cola cada mes para sacar la plata aunque tenía una hija que podría hacerlo por ella pero ... en fin quien sabe porqué no? Y puedo seguir con otros casos, muchos que me relatan amigos, hijos, ex compañerps de laburo. Yo no le hecho la culpa a esos viejos por ser viejos sino culpo a una buena parte por ser una cría mixta entre egoístas, necios, pelotudos y malparidos la mayoría caceroleros cabezas de termo. Están muy atentos a lo que les dicen los Majules o los Leucos o los Bonellis pero se pasan por alto las informaciones que les sirven a sus intereses como por ejemplo que hoy no les toca cobrar porque se paga a los que empiezan con C y ellos se llaman Pérez. A esos me refería.

Abuelas de la Plaza