domingo, 18 de septiembre de 2011

Los límites de la política

Hace tiempo, yo usaba comprar y leer El Dipló, de Ramonet ese bien naranja, antes que se transformara en la lavada versión para el Cono Sur como lo llaman ahora los Ramonet que lo manejan.

Debo reconocer que leí allí algunas notas brillantes sobre los mas divesos temas de política internacional y me compré un par de libros de CI, la editorial asociada, así seguí durante algun tiempo oblando el siempre creciente y nada despreciable precio de tapa hasta que dejé.

Sí dejé de comprarlo y de leerlo fue a raíz de cierto artículo cuyo enfoque me permitió oler ciertas conexiones muy marcadas entre Ramonet y su gente y algunos intereses planetarios y locales que no considero amigables ni para mi ni para mi familia, ni para nuestra sociedad gaucha. Pero no viene al caso. El acontecimiento había pasado al oscuro rincón de los recuerdos mas o menos inútiles y allí hubiera quedado de no ser porque ... porque no fue así.

El jueves pasado, inesperadamente un ejemplar cobró vida, allí sobre esa silla en mi taller de trabajo. Lo miré y seguí de largo.

Quién sabe como llegó a ese lugar.
Pensé en la probable asesina serial que hace la limpieza de la escalera del consorcio o tal vez el plomero_albañil misteriosamente silencioso e inesperadamente pulcro que está cambiando todos los caños del baño del piso de arriba, ...
Uds no creen, claro, no ellos no deben de haber sido.
¿El hombre bajito que barre todos los días las calles del barrio? ¿No? ¿Tampoco?
¿Entonces quién?

Bueno no importa quién lo trajo a casa, la cuestión que allí estaba y yo mirándolo como uno mira a un viejo conocido que hace mucho que no trata.
Me pregunté - ¿y si ...? mmm no. Si ya lo había dejado, ¿porque habría de volver yo a leerlo ahora teniendo tantas lecturas pendientes  Pero ... tal vez ... ¡No! Dije que ¡No!

Al día siguiente mientras estaba yo sentado en ese lugar donde me siento todos los días porque nadie puede reemplazarme, lo vi nuevamente. Ahora estaba en el banquito de "cosas mas o menos inútiles para leer en el baño" . Desafiante. Debo confesarlo, me quebré y lo leí.

Después de hojear superficialmente a un desconocido Le Monde mucho menos naranja que cuando éramos asiduos, me decidí por la nota "Los límites de la política" de Christian Ferrer, (*) Sociólogo y ensayista,  en wikipedia nos cuentan que "(...) sus artículos sobre técnica y sociedad aparecen frecuentemente en el Diario Clarín y en la Revista Ñ."
La leí.

Bueno, nada.
Si leí la nota, aunque reconozco que me costó llegar al final.

Y bueno, lo dicho, nada.
Eso nada.

Que no dice nada.
El bueno de Christian llena dos páginas con un vacío conceptual total. En realidad apenas dos columnas pero ocupa las páginas 6 y 7 gracias a la ayuda de una imagen no demasiado lograda de Mauricio Ospina y de la publicidad del holding español Gas Natural Fenosa que opera en Argentina.

Por la forma y por contenido (es decir ninguno) es una nota digna de Clarín donde el autor suele publicar. La frases previsibles se suceden una tras otra sin mayor profundización. El género no es ni periódístico ni ensayo, ni investigación, es decir ni es.

Algunas de las expresiones más destacadas son:
 "En una campaña tibia, nada importante se disputa porque la posición orbital de Argentina está prefijada en los mercados de materias primas."
"El peronismo cuya esencia es la destrucción creativasalió indemne de la hecatombe del 2001"
esta última resulta particularmente esclarecedora.

No hay en toda la nota argumentación alguna ni datos, ni citas, ni referencias, ni razonamientos mínimos que sirvan de soporte a las afirmaciones que el autor pone a consideración del lector. Si no fuera porque no lo es ¿o sí?, sería un sermón lanzado desde el púlpito por el párroco de la parroquia de un pueblo de provincia ante algunos pocos acólitos convencidos y resignados de antemano.

Lugares comunes y ningún pensamiento crítico analítico y nutritivo que sirva para el debate. Nada que requiera de títulos académicos para ser esbozados.

Parece ser un "producto" a medida para rellenar con él un número de una revista dedicada a hacer campaña sin asumirlo y facturar entre una oposición progresista esclarecida. (llegarán al 12 - 15 % ?)

Me desilusiona. Me sigue desilusionando.
El peronismo no es prefecto ni mucho menos eso no tiene discusión y estoy convencido de que una oposición sesuda, inteligente y crítica defendiendo y propalando sus ideas ayudaría  bastante. Lamentablemente no tenemos eso.
Ferrer lo demuestra de manera lapidaria.

Lamento conocerlo en tan triste circunstancia señor Ferrer pero gracias. Hoy no necesito. Recién tiré.

Hasta la próxima.

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