sábado, 20 de noviembre de 2010

Dictadura, dictadura es otra cosa che

En la provincia de Santa Fe se presentó un proyecto de ley que pretende impedir la exposición obligatoria de símbolos religiosos pertenecientes a la iglesia católica apostólica romana (ICAR) en lugares públicos oficiales tales como hospitales, cárceles, escuelas, juzgados, edificios públicos, etc.

Por éstos días y detrás de la mediática bofetada de la Comisaria Política, somos testidos de la difusión de respuestas histéricas publicadas por los ofendidos personajes miembros y/o simpatizantes de la mencionada secta mesiánicaque dejan clara la intención de victimizarse apuntando a señalar presuntas persecuciones, agravios e intenciones revanchistas por parte de quienes en ejercicio de sus derechos democráticos pretenden simplemente equilibrar el brazo de una balanza que ha sido forzada artificialmente en un sentido.
Se puede observar que actualmente el estado argentino, por razones históricas que no vamos a desarrollar ahora, ha sido y es una suerte de rehén y ejecutor idiota de la voluntad de aquellas minorías dominantes (la ICAR es solo una de ellas pero no la menos importante) que en un momento histórico se instalaron en el poder y que entre tantas otras cosas impusieron la legislación vigente que hoy se desea corregir por la vía democrática.

Existen entonces notorias razones por las cuales se hace urgente y necesaria una ley que oblige a retirar los mencionados símbolos de la ICAR de los lugares públicos oficiales. Debiera ser aprobada sin tardanza para reparar los daños morales sino los materiales que se han estado produciendo bajo la administracion regida por la ley actual.

Es obvio que en el actual estado de cosas el estado nacional está obligado por ley a  imponer de manera cohercitiva e irrespetuosa, aquellos símbolos religiosos sectarios tanto a propios como a ajenos, de modo que deben ser soportados de manera especial y única aún por todas la minorías que no forman parte de la organización religiosa para quienes significa la obligación a la sumisión lisa y llana a una religión dominante resumida en el símbolo del crucifijo católico que podemos ver naturalizado por ejemplo cuando mantiene una simbólica tutela reguladora sobre por ejemplo una agnóstica manifiesta cual es la jueza Argibay Molina

Existe un hecho anterior que perdura perverso a lo largo de la historia de la ICAR y que consiste en la usurpación y apropiación de lo simbólico y desde allí la construcción e imposición del discruso hegemónico para su propio beneficio. 

Asi la ICAR da por sentado como verdadera la eterna propiedad de dicha organización (es de cir de sus integrantes) de valores tales como Amor, Pasión, Caridad, Comunión, etc que sucediod por el término Cristiano (que no Católico) pasa a ser naturalizados como universales absolutos cautelados, custodiados y administrados celosamente por esa organización.

Este mecanismo es producto de la acumulación de fuerzas por medio de la colonización de micro evectos de poder deviene en la instalación de un cierto control político y desde allí se reproduce el ciclo amplinadose con la consecuente instalación de un discurso hegemónico más poderoso que será utilizado como artefacto de poder a ser impuesto de ser posible a toda la sociedad.

El quid de esta cuestión resulta ser la falaz e hipócrita inversión de la argumentación cuando
por este medio, aquellos que ostentan el poder de imponer su voluntad a los demás, poder logrado por la fuerza (como todo poder) se dicen hoy perseguidos, segregados y discriminados y víctimas de revanchas cuando simplemente se pretende equlibrar el brazo de una balanza que fuera forzado en un sentido.

Esta lógica esta sustentada en una consigna que los jerarcas vaticanos encabezados por el señor Ratzinguer, su jefe supremo, sostienen como grito de guerra en los últimos años y que consiste en tratar de imponer como verdad suprema que:
“La relación entre verdad y libertad es esencial, pero hoy se encuentra frente al gran desafío del relativismo, que parece completar el concepto de libertad pero en realidad la pone en riesgo de destruirla proponiéndose como una verdadera ''dictadura''”
Este remanido discursito clerical se basa en una lógica bastante simple y es aquela que establece que el que construye "la verdad" es el que es el "dueño del poder" y viceversa, esto es válido tanto para una pequeña relación bilateral doméstica y cotidiana de los individuos por ejemplo padre/madre - hijos/as, esposos/as, docente-alumno, policía -transeunte, etc, tanto como para las relaciones sociales mas complejas donde los actores están constituidos por grupos de personas cada una con sus relaciones de poder - verdad en avance pero ahora colonizadas colectivamente por colectivos de mayor grado.

En esta línea de pensamiento se puede deducir que todo lo que atente contra el concepto de "verdad absoluta" (verdad construida por el actor que esta circunstancialmente en la posición dominante) atenta contra la estabilidad de la mencionada relación de poder y tiende a quebrarla y transformarla en otra diferente.

Es así que cualquier acción intensa y permanete que apunte en el sentido problematizar y cuestionar la realidad como constituida por "absolutos verdaderos", proponiendo a los actores individuales y/o sociales una búsqueda en pos de una mejor comprensión de los mecanismos históricos de las relaciones de poder estará atentando invariablemente contra cualquier poder hegemónico permanente y así mal podrá constituírse en una dictadura tal lo postula el supremo allá en el vaticano.

Como decía MF el discurso de verdad es un artefacto de poder y en ese sentido el que suscribe tiene muy poco poder, pero para mí, dictadura, dictadura es otra cosa che Razinguer.

Hasta la próxima

imagenes :  
http://www.infovera.com.ar/2010/09/superti-y-erbetta-tampoco-quieren-crucifijos-en-los-juzgados-de-santa-fe/
http://elhombrereligioso.blogspot.com/2010/10/seria-conveniente-que-los-lugares.html

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