miércoles, 8 de diciembre de 2010

Impresiones superficiales

"En noviembre de 2010, fui por primera vez a Buenos Aires, donde permanecí una semana. Mis impresiones del país son forzosamente superficiales. Aun así, voy a arriesgarme a transcribirlas aquí, pues sé que, a veces, al contemplar un paisaje desde lejos, divisamos cosas que a los habitantes del lugar se les escapan: es el privilegio efímero del visitante extranjero." - T.Todorov - El País

A algunas personas la fama se sube a la cabeza y es allí donde los honores, el prestigio y los dineros podrían tornarse objetivos per sé y así dar sustento a discursos como el que Todorov publica.  Así es como un teórico de las ciencias sociales que se hizo algún espacio en el estrecho campo donde brilla el sol académico se ve en la permanente obligación de decir cosas aparentemente  "importantes" aunque en verdad superficiales tal lo confiesa en mismo autor.

Este señor se permite reponer para la tribuna de los lectores de "El País", la repulsiva teoría de los dos demonios como explicación válida y necesaria de la historia del genocidio en la Argentina de los años de plomo.

Menciona livianamente por un lado el hecho de que "Las personas detenidas eran maltratadas en ausencia de todo marco legal." pero en inmediata y repulsiva contraposición con las actividades de "Los Montoneros y otros grupos de extrema izquierda organizaban asesinatos de personalidades políticas y militares, que a veces incluían a toda su familia, tomaban rehenes con el fin de obtener un rescate, volaban edificios públicos y atracaban bancos." en una impúdica y pornográfica demostración de su autoproclamada impresión superficial.

Si bien en medio de la insípida pero dañina crónica expréss, el afamado lingüista búlgaro aclara que "Tampoco estoy sugiriendo que la violencia de la guerrilla sea equiparable a la de la dictadura" se preocupa por dejar en claro el artefacto de verdad así construido y que emite desde la privilegiada posición dominante que le ofrece el pirivilegiado púlpito que el conocido medio de la prensa hegemónica pone a su disposición.

Critica Todorov el hecho de que en los ex-centros de detención y tortura y en los monumentos a la memoria de los desaparecidos, al visitante no se lo ponga en autos de toda la historia previa de las víctimas y asevera que "(...) no se puede comprender el destino de esas personas sin saber por qué ideal combatían ni de qué medios se servían", quedando así implícitamente convalidada su completa adscripción a la aquella execrable consigna de los tiempos de plomo de que "por algo habrá sido, algo habrán hecho".

Es decir que para este señor, no se comprende cabalmente el fenómeno del genocidio de varias decenas de miles de individuos en el mejor de los casos posibles sospechosos de algo aunque nunca se sabe bien de qué, la desaparición forzada de personas, el secuestro, la tortura, el asesinato planificado y sistemático de hombres, mujeres, jóvenes, niños, bebés hasta saber a ciencia cierta cual era la historia anterior a aquellos hechos.

Es de suponer que cuando Todorov estuvo en Auschwitz solo terminó de comprender cabalmente el fenómeno del exterminio planificado del pueblo judío y otras minorías étnicas y sociales en la "solución final", cuando antes de entrar, los encargados responsables del cuidado de aquel lugar siniestro le explicaron detalladamente que los que allí habían sido masacrados sistemáticamente antes habían sido "diferentes, sucios, avaros, feos, obsesivos por la riqueza material, vagos, negros, homosexuales, gitanos, inmorales" y otras linduras del estilo que completaban el decálogo del ideario racista alemán de la época utilizado para caractrizar al "otro criminalizado" (ideario que continúa mayormente vigente por aquellas tierras de donde proviene el afamado académico que nos ocupa)

La quintaesencia del pensamiento posmoderno - neoliberal - bárbaro - europeo  - occidental que sintetiza tan cabalmente Todorov en su crónica "forzosamente superficial " queda fielmente plasmado en el párrafo donde compara malintencionadamente los millones de víctimas reales del caso camboyano con un incierto número de víctimas potenciales producidas por una supuesta sangrienta dictadura de izquierda en argentina y acto seguido afirma que "El genocidio que desencadenó (la guerrilla izquierdista camboyana) causó la muerte de alrededor de un millón y medio de personas, el 25% de la población del país. Las víctimas de la represión del terrorismo de Estado en Argentina, demasiado numerosas, representan el 0,01% de la población." para así sostener la elidida pero no ausente defensa de la "teoría de los dos demonios" tan cara al pensamiento fascista nacional argentino.



No hace falta aclarar que es absolutamente prescindible la opinión de este tipo de profetas de la decadente postmodernidad europea occidental contemporánea que bastante mal sobrellevan el resultado de sus conflictos sociales y sus crisis materiales y espirituales.

Es sí imprescindible hacer notar la remarcable coincidencia de estas líneas ideológicas, las expresada por Todorov y por El País con las líneas de sus homólogos vernáculos, los jerarcas genocidas de la dictadura y sus socios civiles hoy cuestionados por una enorme porción de la sociedad argentina y juzgados por sus crímenes. También es remarcable que la nació europea donde se edita El País y donde Todorov ofrece el baratillo de sus impresiones superficiales es la que condenó y separó de su cargo a un juez por intentar investigar y llevar a juicio a los responsables de los crímenes de guerra y el genocidio subsiguiente que allí tuvo lugar bajo la dictadura franquista.

También es imprescindible denunciar estas líneas de pensamiento que conducen irremediablemente a la banalizacion del mal ( sugiero lectura de Hanna Arednt ) y a quienes las producen.

Desde aquí expreso mi mas firme repudio a la nota de Todorov.


Hasta la próxima.


imagen http://2.bp.blogspot.com/_CKIsxHmglhw/SMWOR-JfpRI/AAAAAAAAAQk/P7Qo9-VYWik/s320/todorov.jpg

1 comentario:

Antonio (el Mayolero) dijo...

Che,¿ahi en ese lugar donde se edita El País, no pasó algo entre 1936 y 1939? ¿No supo gobernar un tal Francisco Franco?

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