sábado, 8 de octubre de 2011

Gravísimo pecado social-eclesial

Actualmente, en nuestros templos,en general, 
se "va a misa" como se sube a un ómnibus, 
en el cual todos los pasajeros son conducidos 
hacia una misma dirección sin mirarse.
Miguel Hesayne


 Desde estas columnas virtuales hemos denostado frecuentemente y con energía a la ICAR
(iglesia católica apostólica romana) y a varios de sus mas reconocidos representantes y líderes locales y foráneos señalando las que consideramos son sus deleznables actitudes individuales y/o colectivas, sectarias, mesiánicas pero siempre funcionales a los poderes terrenales de turno y sus múltiples y miserables disputas profanas.

Pero criticar duramente a la ICAR en tanto secta fundamentalista mesiánica y mas aún definirse marxista (o marxiano) por el reconocimiento del poder que dicha herramienta tiene para el análisis de la realidad no es igual a desconocer la importancia y la validez que puede tener la religiosidad humana y las organizaciones religiosas en la construcción de una sociedad mas justa.

Estamos irremediablemente inmersos en una cultura que se desarrolla dentro del ideario cristiano. Seamos ateos, agnósticos o creyentes y seguidores de algunas de las muy diversas expresiones religiosas que se cruzan en nuestro camino, sin dudas el cristianismo impreso por la ICAR desde hace mas de 500 años en nuestro continente nos atraviesa y para bien o para mal es un hecho histórico a reconocer. De la misma manera hemos de reconocer que desde allí surgen pensadores y luchadores valiosísimos.

Hoy, vamos a revisar (y con gusto) el pensamiento de uno de ellos que siendo miembro eminente de la ICAR fue en su momento asimismo reconocido defensor de los derechos humanos y honesto predicador de la necesidad de la reconstrucción de una iglesia bastante alejada de la actual. es así que recomendamos fuertemente la interesante y conceptuosa entrevista que Monseñor Hesayne (87), ex Obispo de Viedma, excepcionalmente otorgó al portal ReligiónDigital.com.
Ingresamos a la lectura reconociendo de antemano en el señor Hesayne una honestidad esencial cuando habla desde su fe y sus experiencia como sacerdote y lo hacemos además  despojándonos en lo posible de nuestros propios prejuiciaos prejuicios y opiniones dogmáticas previas para poder así recoger sus reflexiones que necesariamente serán útiles si las consideramos críticamente pero con el espíritu y la voluntad de aprender de la experiencia de alguien honesto que ha transitado por la vida antes y mas que uno mismo, y sobre todo dejando una marca a favor del "pueblo" que debe ser reconocida por todos.
Sin nunca dejar de ser él mismo "la iglesia", sin renegar siquiera por un minuto de su pertenecia a esa ICAR tan criticada por nosotros, Hesayne, mantiene intactas las capacidades intelectuales, los principios y la valentía que le permitieron y le permiten hoy ver y señalar allí donde otros no ven o no señalan.

Comienza la entrevista colocando en el centro del marco conceptual la gravedad insoportable de la mortalidad infantil por causas evitables muy  especialmente en sociedades materialmente ricas ( la nuestra es una de ellas) y en ese sentido ve a la realidad argentina sumida en un " pecado social-eclesial " y sostiene que "(...) nos encontramos ante un crimen de lesa humanidad". No parece ser éste el clásico latiguillo mediático para amonestar al gobierno de la señora presidenta CFK que utilizan Bergoglio y Auger, suena mas bien a un reconocimiento honesto de una realidad dolorosa plena de desigualdades sociales que con sus mas o sus menos nos golpea desde hace mucho.

Entonces, luego de señalar el verdadero problema se refiere a la sociedad argentina que conoce muy bien y reflexiona ...
Es la Argentina cuyos dirigentes -políticos, empresarios, economistas, financistas- son, en notable mayoría, ex-alumnos de colegios y universidades católicas, han "tomado la primera Comunión", han recibido el Sacramento de la Confirmación y se "han casado por la Iglesia". Es la Argentina en la que el Gobierno de turno siempre quiere estar en buenas relaciones con la Iglesia Católica (claro está, entendiendo por Iglesia al Episcopado), y hasta peregrina a la Basílica de Luján...
Tampoco esto suena a crítica oportunista lanzada desde del púlpito de la catedral metropolitana convertido en barricada política por El Jesuita en campaña electoral. Queda claro hacia dónde apunta el discurso de Hesayne cuando se refiere a una sociedad, la nuestra, que "(...) con una tercera parte de sus habitantes insertos en la miseria, padece una esquizofrenia de espiritualidad cristiana."  Padecimiento que según él caracteriza es producto de un "gravísimo pecado social-eclesial."

Cuando se le pregunta sobre cual sería el mensaje que daría a la iglesia (ICAR de Argentina) en la actual coyuntura, éste resume: - "La Alianza (de Dios) es con el Pueblo" - y remite a las palabras del asesinado Angelelli cuando decía - "(...) si la Iglesia quiere seguir siendo fiel a Jesucristo debe seguir siendo Pueblo". 

Es claro que la opción de Hesayne fue y sigue siendo por el pueblo, ese concepto central tan vapuleado, embarrado y hoy desprestigiado e invisibilizado pero que él se atreve a reponer sobre la mesa de una organización global sectaria y retrógrada que en pleno siglo XXI se niega a reconocer y aceptar sus propias contradicciones para resignificarse.

Tomamos nota de que el Hesayne que recordábamos sigue muy vivo y lúcido cuando afirma: 
(...) sostengo, desde hace tiempo, que la raíz profunda de la crisis social-político-económica-cultural que la Argentina viene padeciendo es una aguda crisis de fe en Jesucristo y su Evangelio, porque ha sido originada por sus dirigentes, en su mayoría, "se dicentes" católicos. Más aún, católicos cumplidores, de misa dominical por una parte, y, por otra, con ideologías y normas de conducta -en lo personal y familiar, en lo profesional, en sus tareas empresariales y gubernamentales - emanadas de doctrinas contrarias al Evangelio del Señor de la Iglesia, y hasta condenadas, en forma explícita, por el Magisterio Eclesial: Neoliberalismo, Doctrina de la Seguridad Nacional... (Puebla 437- 547-549 /// Iglesia en América. N° 56)
Fuertemente defensor de las pautas del Concilio Vativano II, hoy bastante olvidadas dentro y fuera de la ICAR, el anciano sacedrote agrega
La Iglesia en la Argentina no se ha renovado suficientemente, según las pautas del Concilio Vaticano II. Por esto, ha quedado a mitad de camino con relación a la meta de "volver a las fuentes" que le señaló Juan XXIII (...)
(...) si la Iglesia Católica no retoma el dinamismo del Concilio Vaticano II, con cambios universales, profundos y rápidos (...) dentro de unos pocos años la mayoría de nuestros templos se habrán convertido en piezas de museo, y las parroquias jurídicas en un listado nominal de Boletines Diocesanos.
Se reconoce un luchador incansable aunque un tanto desentusiasmado cuando expresa ...

 "(...) Intenté poner en práctica, siendo párroco en diversas parroquias, cuantos planes de renovación han surgido, antes y después del Concilio, y llego a la conclusión de que todos estos ingentes esfuerzos, como así también los programas de pastoral del Episcopado, caen en una especie de "agujero negro" pastoral.
Crítico certero señala que "En el inconsciente de no pocos pastores y de la feligresía católica en general subsiste la definición de San Belarmino: "La Iglesia, asociación de los fieles creyentes cuya cabeza es el Papa", y afirma que allí en ese "inconsciente de cristiandad" falta ...
(...) el sujeto y el objeto de una real evangelización: la comunidad pascual. Falta promover o fortalecer la comunidad de Fe en Jesús muerto y resucitado como primerísima instancia de la evangelización cristiana y, a su vez, falta tener a flor de conciencia el objetivo primordial de ésta, que es la Comunión.
Culmina la entrevista con un párrafo remarcable que acompañamos con la viñeta de Rep de Página 12 de hoy.
"Actualmente, en nuestros templos, en general, se "va a misa" como se sube a un ómnibus, en el cual todos los pasajeros son conducidos hacia una misma dirección sin mirarse, sin dialogar, a fin de "hacer encuentro de familia de Dios". Una Eucaristía que no finaliza en una conversión personal y comunitaria al Evangelio, en un compromiso familiar, socio-económico-político, es una misa inconclusa...Para Jesucristo, lo que cuenta no es solo ir a misa... sino cómo se sale de ésta."

Es ante este tipo de personas que uno siente que la "relatividad ideológica" tan combatida por los jerarcas de la ICAR es útil. Vaya si lo es que si no fuera por ella nos estaríamos perdiendo de escuchar y aprender de tipos valiosos como Hesayne.

Hasta la próxima

Monseñor Esteban Hesayne se encargó de denunciar, demandar y advertir sobre los hechos aberrantes ocurridos durante el Terrorismo de Estado. Ferviente defensor de los derechos humanos, denunció el asesinato del Obispo de La Rioja, Monseñor Angelelli y en tiempos de democracia se opuso a los modelos neoliberales que propiciaron la exclusión social.

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