lunes, 5 de diciembre de 2011

Pequeños barras

Ya sabía yo que las disputas verdaderas por el poder eran las que venían después de las elecciones.

Sin oposición viable al frente, CFK, - es decir el peronismo en su fase kirchnerista - 2da etapa - se tragó (para variar) prácticamente a todo el espectro político con sustento material en el territorio. Por afuera de éste (del peronismo) quedó poco o casi nada que tuviera alguna solidez y coherencia. Los fachos de los barios conchetos votando a Binner, las patéticas tribulaciones de un tachuela recolectando carapintadas y el triste papel del "ni cosito de la pizza", el hermanito tonto de la democracia, dan cuenta de la situación.

Hagamos una momentánea abstracción de la verdadera disputa material por  la apropiación del excedente, disputa que está cotidianamente presente y tiene lugar entre el segmento que se lo está llevando con pala (al excedente) y el que se rompe el lomo para producirlo y a cambio apenas le queda el pancho y la coca.

Este es un momento donde todo lo demás, lo que no es la disputa material y cotidiana, es decir todo lo simbólico, toda representación, deberá ahora discutirse por adentro y por abajo del movimiento y por lo tanto de CFK, como corresponde a esta particular formación telúrico - social que nos abraza siempre fuertemente y que está enraizada con nuestra historia nacional y latinoamericana.

Sabemos largamente que lo propio y verdadero de nuestra historia, siempre mucho menos mítico y heroico de lo que algunos coreutas proclaman, es, finalmente y sin duda, mucho, pero mucho mas auténtico, vivo, entrañable y real de lo que sus enemigos le reconocen.  En este entorno, las domésticas y aparentemente anecdóticas rencillas en torno a la escenificación del poder, la construcción de su relato y la apropiación de los símbolos suelen representar siempre algo más que simplemente eso porque está vinculado con la base material que siempre, siempre, nos guste o no, condiciona a la superestructura.

Por supuesto que alguien dirá que son los gatos reproduciéndose, como aseguraba el general, pero a poco de escarbar la superficie descubrimos que además es la manifestación sobrenadante de una disputa pequeña por supuestos liderazgos políticos, inmediatos y políticamente rentables, que pretenden imponer ciertos aspirantes. Los retoños arribistas se entrenan en la rutina de patear nidos ajenos, comenzando, tímidamente por supuesto, por los aparentemente más inocuos a su alrrededor de modo de no arriesgarse a un encontronazo grave en tempranas etapas del proceso ascencional con algún feroz y enorme dinosaurio que lleve ventaja en eso de instalarse en las cimas de la escenificación del poder.

Por estos días vemos que después de andar el territorio en tándem con amigos haciendo campaña de alta gama en favor de CFK, del FpV y del NAC&POP , hoy miran torvamente, arañan, maullan y gruñen  al que hasta hace apenas unos días aparentaban tener del mismo lado.

En su carta "La Historia Argentina desde la óptica de las clases populares", el muy digno Norberto Galasso, que hace rato está de este lado y que nada personal tiene para perder, marca la cancha de lo que él considera el campo popular en la historia argentina y explica sin demasiado batifondo, el porqué de su rechazo a participar en la Gran Aventura del nuevo Instituto dirigido por el hoy reciclado Pacho Reloaded y dice ante quien quiera oírlo que:
"El revisionismo rosista, en general parcializó ese drama histórico y lo redujo al período 1829-1852, deslindando los campos entre los unitarios (expresión de aquella élite modernizadora, vituperada, ahora, por antinacional) y los partidarios de don Juan Manuel de Rosas, defensores de la nacionalidad y de la tradición, desconociendo, las más de las veces, la importancia de los caudillos provincianos, tanto del litoral como del interior. Respecto al siglo pasado, mientras la Historia Oficial (y también la Historia Social) coloca a las minorías como devotas de las instituciones democráticas y a las masas populares como proclives al autoritarismo, la mayor parte de los revisionistas (salvo algunos como José María Rosa y Fermín Chávez) tienden a reservar la causa de lo nacional a elites ultramontanas (uriburismo, lonardismo, onganiato) menospreciando el rol de los sectores populares."
El ya es grande y se defiende solo pero desde aquí quiero expresar que no solo me parece acertada y madura la aclaración de don Norberto donde define y defiende su posicionamiento crítico respecto de lo que se llamó Revisionismo Histórico sumamente útil al momento de construir consenso y consciencia.

Galasso acertadamente, discrimina e identifica lo que fue la funcionalidad de algunas figuras (y su progenie actual) con "elites ultramontanas" claramente antipopulares y muchas veces profundamente antiperonistas. Con esto salió, muy oportunamente, a marcar la cancha luego de que algunos, "nuevos ricos y famosos" entusiastas jóvenes aspirantes kirchneristas, le gruñeron feo como si no fuera "amigo de la casa", homologándolo con peligrosos especímenes representantes de lo antipopular como son Sarlo y Lanata. Simplemente una canallada, una bravuconada de pequeños barras de bajo nivel, propia de pendejos que se piensan que la realidad se hace por twiter cuando en esto de lo ideológico apenas hace minutos aprendieron a hacer pis de parados.

Tanto el hijo de Moyano como el novel y tempranamente famoso biógrafo de Dorrego, no me disgustaban, pero con esto perdieron todos los pocos puntos que habían estado recogiendo.

Además de que es medio feíto lo que hacen con alguien respetable en pos de disputar espacios para adentro, se están equivocando fiero porque eso de señalar al enemigo donde no está es traición, es siempre funcional al verdero enemigo y como no me los imagino "confundidos jóvenes idealistas" de este siglo, sospecho cosas feas bajo esos ponchos.


Es de esperar que estos nuevos "imberbes" no se atraganten con los sellos de goma que se disponen  a deglutir afanosamente ya que como decía el general "Hacer la revolución no es tirar a los viejos por la ventana" y CFK leyó a Perón mejor que la mayoría de los argentinos.

Me quedo con la frase de Galasso que marca la verdadera divisoria de aguas al interior del movimiento nacional y popular

"... la mayor parte de los revisionistas (salvo algunos como José María Rosa y Fermín Chávez) tienden a reservar la causa de lo nacional a elites ultramontanas (uriburismo, lonardismo, onganiato) menospreciando el rol de los sectores populares."

Hasta la próxima.

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